Jugando a ser adultos… y olvidando ser niños
Por Danae Parada
Antes, cuando alguien preguntaba qué queríamos ser de grandes, respondíamos: astronauta, veterinaria o futbolista. Hoy muchos niños responden: influencer, empresario, famoso. No es que soñar esté mal. Lo curioso es que ya no queremos esperar a crecer. Queremos ser adultos ahora.
Niños que quieren parecer mayores
Cada vez es más común ver a chicos y chicas preocupados por su imagen como si tuvieran veinte o treinta años. Niñas que se maquillan antes de tiempo, adolescentes que se visten como adultos, niños que hablan y actúan como si supieran de todo. Todo esto para parecer mayores, para encajar, para sentirse importantes.
Cortejos a edades tempranas
Incluso algunos niños de 11 o 12 años ya empiezan a tener “novios” o “novias”, a coquetear y a imitar situaciones románticas de adultos. La idea de amar, gustar o impresionar aparece antes de lo que deberían, como si adelantarse en la vida adulta fuera una meta. Pareciera que todos quieren vivir relaciones que todavía no comprenden, solo para parecer más grandes.
Crecer demasiado pronto no siempre significa madurez
Cuanto más intentamos aparentar, más evidenciamos nuestra inmadurez. Creemos que actuar como adultos nos hace más respetables, pero apenas sabemos manejar estas situaciones. Nos adelantamos a problemas, emociones y responsabilidades que todavía no comprendemos, mientras seguimos aprendiendo a ser niños. Los juegos, la imaginación y la diversión se ven reemplazados por comparaciones y presiones que no deberíamos cargar.
Actitudes de adulto a edades tempranas
Algunos niños y adolescentes hablan de dinero, moda o reglas como si tuvieran años de experiencia. Se preocupan por proyectar una imagen seria, organizada o interesante, y sienten que cualquier error los hace “menos grandes”. Intentar imitar la vida adulta los expone a situaciones para las que aún no están preparados, y muchas veces los hace sentirse inseguros o confundidos.
La imagen importa más que la edad
Muchos se preocupan más por cómo se ven que por cómo se sienten. Las redes sociales y las modas premian la apariencia y la “madurez” aparente. Pero debajo de esa máscara, seguimos siendo niños inseguros y confundidos. La madurez que mostramos no siempre refleja lo que sentimos o sabemos realmente.
Nuestra generación es adelantada. Aprende más rápido, opina antes y tiene acceso a más información que cualquier otra a nuestra edad. Pero esa madurez aparente a veces es solo una máscara. Debajo seguimos siendo niños, intentando entender cómo vivir en un mundo que nos exige actuar antes de tiempo.
La pregunta no es si vamos a crecer. Eso es inevitable.
La pregunta es por qué sentimos que debemos hacerlo tan pronto… y si, al hacerlo, realmente estamos listos para lo que viene.
Comentarios
Publicar un comentario